"Me entra la morriña después de comer"

He aquí el primero de los mazagatismos que nos regala Juan Bas:

El otro día, y esto fue lo que me dio la idea para el artículo, dos chavalas muy jóvenes hablaban en la parada del autobús. Una le decía a la otra: «Jo, tía, a mí después de comer me entra siempre una morriña que te cagas; me quedo sobada delante de la tele.»

Me jode este mal uso -que se está volviendo tan común entre nuestra iletrada juventud- doblemente por mi condición de criticón y por la de gallego. Y que conste que al primero que se la oí fue a un novio que tuvo mi hermana, que para más inri era también hijo de gallegos, y por tanto no sólo debía saber lo que era en realidad la morriña, sino que la debía llevar en los genes (aunque es posible que el efecto post-yantar fuera lo que le producía la recidivación del mal y de ahí la confusión, aunque la verdad nunca le vi llorar después de comer, más bien lo contrario… así que vaya morriña más rara la suya). En fin, si como decía Antón Reixa la tristeza es un sentimiento de trasmisión sexual, la morriña debe ser uno de trasmisión gástrica.

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