'Retribution' no es 'retribución'

Manhattan GuardianAquí tenemos una nueva patada traductoril de Ernest Riera, amable lector de este modesto blog además de veterano traductor de tebeos. Esta vez ha sido en Manhattan Guardian, el 2º número de la serie del psicotrópico Grant Morrison titulada Los Siete Soldados de la Victoria. En la página… ¡coño, ¿es que ya no se numeran las páginas de los tebeos?! … bueno, al final de la primera historieta, hay un cuadro de texto que dice:

Hablan de grandes temas: de culpa y codicia, de retribución, juicio y condena.

Según mi diccionario Collins español-inglés, retribution es: justo castigo, pena merecida; desquite. Comprendo que es grande la tentación de no consultar algo que nos parece tan obvio, pero ese tipo de palabras trampa (creo que se llaman falsos amigos en el mundo de la traducción) es bastante frecuente, y una de las fuentes de patadas más frecuentes entre los traductores.

Hay que mirar más el diccionario, Ernest, ¡no te fíes! ;-D Aunque comprendo que traducir a Morrison no tiene que ser fácil: yo le he leído en castellano y en inglés y reconozco que lo pone difícil a veces, el cabrito del escocés.

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9 comentarios

Archivado bajo Traduttore traditore

9 Respuestas a “'Retribution' no es 'retribución'

  1. Ernest Riera

    Buenos días, amigo Casdeiro.

    Ante todo, agradezco que hayas ampliado el marco de mis errores, que ya no centras en la diabólica HELLBLAZER. Al menos ahora sé que mis pifias no son cosa de meigas, si no de ineptitud mental transitoria (espero que sea transitoria…).

    Después, agradecerte el tono cordial de tus mesuradas críticas. Yo soy el primero en usar un exceso de vitriolo en mis comentarios negativos sobre los errores de traducción y/o redacción que me encuentro por doquier (mi familia está harta que en plena película me ponga a despotricar contra los errores de traducción de los doblajes), pero reconozco que ser tratado con amabilidad cuando uno la pifia es algo que se agradece muchísimo. Y te agradezco sinceramente que te molestes en señalarme los errores que cometo, porque una pifia ignorada es una pifia que no se puede enmendar.

    PERO… ¡esta vez se te han adelantado! ¡Y con una pifia en este tebeo que tú te has saltado!

    En la reseña del MANHATTAN GUARDIAN que apareció en el blog ZONA NEGATIVA, otro amable comentarista señaló una nueva catalanada de vuestro humilde servidor: en la última página del primer capítulo de este volumen, el protagonista se cuelga del último vagón de uno de los metros pirata y espeta a su novia, para que sepa que ya se acerca la caballería, un enfático “I’M COMING!”, que a mí no se me ocurrió otra cosa que traducir por “¡YA VENGO!”, cuando lo correcto hubiese sido “¡YA VOY!”. Evidentemente, la expresión correcta en catalán es “JA VINC!”, de ahí la pifia.

    O sea que, amigo Casdeiro, ¡a ver si nos esmeramos!

    Un saludo.

  2. Es cierto, recuerdo que me extrañó pero no activó mis alarmas detectoras de patadas 😀 E ignoraba que era un catalanismo. A partir de ahora cuando lo vuelva a ver espero caer en la cuenta.

    Y lo del vitriolo, los doblajes, etc. no puedo estar más en tu onda, yo también torturo con ello a mis compañeros de películas 😀

    Y agradezco también tu tono en los comentarios y que sigas este blog. Aunque si alguna vez estoy más sarcástico tampoco me lo tengas en cuenta, que es mero papel de hipercrítico, pero para nada trato con eso de desmerecer a la gente que critico y nunca son ataques personales. Todos cometemos errores, yo el primero, y tan sólo me limito a señalarlos de una forma cáustica como podía haber adoptado cualquier otro tono para hacerlo. Creo que la mayoría de los lectores así lo comprenden.

    Saludos y ¡nos leemos!

  3. Por cierto, he aquí el enlace al post que comentas de la Zona Negativa.

  4. Valeria Minate

    Hola, Manuel.

    Felicidades por tu ameno blog. Hay que tener paciencia para ir dejando constancia de todas estas pifias y deslices.
    Se me ha ocurrido una cosa mientras le echaba un vistazo a tus entradas anteriores. Es verdad que, en el caso de la sección de los traductores, los errores son suyos (vaya perogrullada), ¿pero esto no debería hacernos pensar también en lo cutre que es el proceso de edición de las editoriales comiqueras españolas? Es decir, si tú como lector ya pillas todos estos errores, ¿no debería pillarlos también un buen corrector con un mínimo de oficio? Porque digo yo, que después de que Ernest (u otros colegas) entregue sus traducciones, alguien las revisará, ¿no? ¿O es que son todas tan cutres que pasan de corregir? Vamos, que si no lo hacen, no me extraña que el cómic no pueda quitarse nunca el sambenito de arte menor.

    Una última idea, ¿alguna vez se te ha pasado por la cabeza devolver a la editorial uno de esos tebeos que has encontrado plagado de erratas? Más que nada, para ver cómo reaccionan. Digo yo que si devolvemos un electrodoméstico que no funciona bien, lo mismo deberíamos hacer con los libros.

    Ánimos y un saludo,

    VM

  5. Gracias por tu interesante comentario, Valeria. Y bienvenida al cada vez más numeroso grupo de comentarios que lo enriquecéis con vuestras aportaciones (¡menudo peloteo!). Y no, no me cuesta ningún esfuerzo ni paciencia, es algo en lo que te fijas y tan sólo tienes que recordarlo (para eso están muy bien los poco digitales papelitos de toda la vida, o posis como los veremos dentro de poco definidos en nuestro amadíssssimo DRAE) cuando te pones frente al ordenador, que en mi caso, es algo diario, por ocio y por negocio 😉

  6. …Y sí, tienes mucha razón en lo que dices sobre la cutrez editorial. Por alguno de los comentarios de Ernest me hago a la idea de cómo deben trabajar, a salto de mata, sin tiempo para autorrevisiones, y sin confiar en que nadie se moleste en repasarlos. Tal vez en el mundo de la historieta sea mayor el problema, pero creo que es extensivo a los doblajes de la TV y el cine, a la prensa diaria, a las editoriales serias, etc. Imagino que es consecuencia de este mundo en el que se privilegia el consumo rápido y al menor coste empresarial posible en detrimento del trabajo bien hecho y la calidad. Cuando la cultura deviene mero producto, es lo que toca… 😦

    La idea de devolver el tebeo es buena, pero me imagino que sólo por el gasto de enviárselo a la editorial o no darles problemas a tus libreros habituales, la gente pasaría de hacerlo. A mí me ha ocurrido en algún caso de devolverlos por estar mal paginados y cosas así, pero por errores de traducción no… además imagina que te piden que demuestres que está mal traducido: tendríais que comprar a EEUU (o a donde fuese) el original.

    Lo que sí me da ganas es de devolver los de Norma que imprimen en China. Eso también es ser cutre de narices aparte de poco “responsable socialmente”. Y ahora los espabilados de ellos, imagino que por prevenir que mi modesto boycott les pueda dañar, directamente evitan indicar dónde los imprimen. >:-(

  7. Ernest Riera

    Hola de nuevo.

    ¿Verdad que parece imposible que alguien publique un texto sin haberlo hecho corregir? ¿Verdad que casi diría uno que los correctores, si los hay, no se fijan mucho en los textos que corrigen (y los traductores tampoco)?

    Pues así son las cosas. Y va a peor, me temo.

    Es la globalización y el “outsourcing” aplicados a la industria cultural (maldita la hora en que a alguien se le ocurrió juntos estos dos palabros); en el campo de los cómics se aplica desde hace algún tiempo por parte de las grandes editoriales, que encargan la realización (antes técnica, ahora técnico-artística) de la edición a los llamados “packagers”, encargados de entregar a imprenta el archivo informático que se usará para tirar la publicación. Y el traductor, o enmedio o debajo de la maquinaria: puesto por la editorial pero sin supervisión de la misma, o puesto por el packager y aún menos supervisado. Ahora se cree que “dirigir” una línea editorial es elegir qué material se publicará y hacer un planillo con el número de páginas y señalando dónde irá la publicidad.

    Editar un libro o un cómic también es, o debería ser, elegir el tipo y el gramaje del papel, supervisar el diseño de la colección, velar por la excelencia (o la decencia) de la traducción y demás textos adláteres, ahorrarle al lector sorpresas desagradables (desde errores tipográficos a manchas de impresión, desde el pixelado de las planchas a la elección de la tipografía).

    Idealmente, después de entregar el traductor la traducción, el corrector la corrige, el redactor se la pasa corregida al traductor, que supervisa las correcciones, hace acto de contrición en las que son acertadas y elimina las que son elección estilística suya y/o exceso de celo por parte del corrector, y devuelve la corrección del texto corregido al redactor, que la hará corregir de nuevo (y si falta hiciera algún cambio importante, notificaría de ello al traductor). En un mundo utópico, el traductor encima cobraría por hacer este trabajo, o habría cobrado lo suficiente por la traducción como para poder perder el valioso tiempo laboral que le exigiría esta tarea.

    Pero las cosas no son así. Se cobra una miseria, y con los años acabas creyendo que lo que haces vale lo que te pagan, cuatro chavos, y terminas haciéndolo como si sólo valiera eso; porque dedicarle un solo minutos más significa perder dinero.

    Mezclo cómics y literatura en este comentario porque a los dos me dedicaba yo desde hace casi veinte años. A la literatura, ya no. Demasiado trabajo (y responsabilidad) para tan poca recompensa. Ya veremos si vuelvo a dedicarme a ella (para más inri, mis traducciones literarias son sólo al catalán, que es MI lengua, la materna, la que más quiere uno; si los traductores al castellano están/estamos puteados, imaginad cómo debemos estar los traductores al catalán).

    Y cuidado, que las prácticas del “packaging” se están apoderando de toda la industria editorial.
    Quizá a vosotros no os suene tan terrible, pero dejad que os cuente esto:

    Hace poco me llamaron para ofrecerme una traducción (al catalán) de una novela inglesa que publicaría el Grup 62. No me la ofreció el/la redactor/a del sello editorial correspondiente, si no una redactora adscrita a una empresa de fotocomposición e impresión cercana al susodicho grupo editorial. Es decir: que la supervisión total de la edición, desde la mismísima asignación del traductor hasta la impresión del libro, iba a hacerse fuera de la editorial. La editorial renunciaba a la responsabilidad sobre su producto.

    Me quedé helado. Antes, las editoriales parían los libros (aunque dejaran que los amamantaran otros); ahora, las editoriales deciden que quieren tener un libro, y encargan a un packager que folle, se quede embarazado, lo para, lo vista y lo envíe al mercado, a ver si sale best-seller.

    Estoy triste, deprimido y cabreado.

  8. Terrible y muy clarificador, Ernest. Como bien apuntabas al principio es algo generalizado como consecuencia de la deriva del Mercado capitalista mundializado… Ahora debemos padecer la globalización hasta en nuestros productos más queridos, los libros (y ahí incluyo los comics, por supuesto). Además otra consecuencia perversa de este tinglado es que los currelas al final estamos tan aislados y desvinculados, mirando como sobrevivir con nuestra sub-sub-tarea sub-sub-contratada, que no tenemos ni tiempo ni fuerzas para unirnos a otros tan puteados como nosotros y reinvindicar un proletariado inteletual mínimamente digno y un respeto por nuestro trabajo y el producto que llega al final al lector. Imagino que sólo quedan 4 editoriales supervivientes donde se trabaja como Dios manda…

    ¿Al final no nos queda más que el recurso a la pataleta y a la depresión? Me niego a creerlo y por eso reinvindico desde otros de mis proyectos online el poder del consumidor para cambiar las cosas en el Mercado y el poder del ciudadano para reclamar que le devuelvan la Democracia.

    (Hay que ver en lo que ha derivado un comentario sobre una retribución… Gracias por tu reflexión, Ernest. Me ha aclarado muchas cosas. Hay que estar informado para poder cambiar las cosas. Y tú nos has ayudado mucho con tu comentario.)

  9. Pelayo Ostalé

    Buenos días, Ernest Riera.

    No entiendo cómo puedes despotricar de las malas traducciones, cuando eres el traductor más literal que me he echado a la cara (y no tiene nada que ver con los catalanismos que, por otro lado, siguen siendo inadmisibles). Creo que nos has jodido la lectura de muchos cómics a los que de verdad sabemos castellano.

    Espero que leas esto y haga que te replantees tu trabajo y dejes la traducción a los profesionales de verdad. Deja de considerar idiotas a los lectores de cómics, te lo pido por favor.

    Atentamente,
    Pelayo Ostalé

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